29 mayo, 2020

Un día en Kazan

Volé desde Moscú a Kazán sin saber muy bien qué podía esperar de esta ciudad que hasta hace 10 días había escuchado por primera vez. Iba a estar menos de un día y quería darme una idea rápida sobre lo que esta ciudad podía ofrecerle a los colombianos que la visitaran durante el Mundial de Fútbol 2018.

Antes de aterrizar leí un poco sobre Kazán en un artículo que encontré en la revista que me dieron en el avión y entendí que estaba llegando a uno de los lugares más estratégicos en muchas de las guerras de dominación que hubo en Asia y Europa. En estas tierras estuvo Genghis Khan y sus hordas, al igual que se libraron batallas entre rusos, turcos y cristianos por dominar un territorio que está en el centro de Europa oriental y al pie del río Volga.

Es por esto que el idioma que hablaba la mayoría de la gente en el avión y en el aeropuerto era diferente al ruso al que ya me había acostumbrado. Efectivamente, lo que escuchaba era tártaro y era mas parecido al árabe o al mongol que al mismo ruso. Después entendí que esto se debe a que Kazán es aún habitada en su mayoría por tártaros, directos descendientes del pueblo mongol y con un fuerte legado dejado por los turcos durante sus invasiones. 

Además del idioma, tal vez el principal y más notorio legado de los turcos es la religión. Lo primero que uno nota cuando llega a Kazán es que está en un ambiente totalmente diferente al de Moscú o San Petersburgo. Aquí las iglesias Ortodoxas son opacadas por las mezquitas donde el almuédano llama a la oración cinco veces durante el día. A pesar de que el Islam es la religión mayoritaria, el ambiente de convivencia que se respira en la ciudad entre las diferentes culturas y religiones es llamativo. Una muestra de esto es lo que encontré detrás de las gruesas paredes del Kremlin, sede de gobierno de la República de Tartaristán, y epicentro de toda la vida de la ciudad. Aquí visité una gran catedral ortodoxa enfrentada con la gran mezquita Kul Sharif y varias otras pequeñas iglesias de una y otra religión. Esta convivencia de religiones y culturas hace de Kazán una ciudad interesante para cualquier turista que quiera evidenciar cómo varias corrientes culturales puedan coexistir bajo una misma ciudad pacíficamente.

Adicional a la religión, la comida vale la pena probarla. Dentro de los platos típicos encontré el famoso Borsch, una sopa de remolacha típica de buena parte del sudoeste ruso, que definitivamente se la recomiendo a cualquier turista. Tmabién, prueben alguna de las carnes frías en las que esta región se especializa, en especial el “kazilik” y el “argamak” que son salchichas y jamón de carne de caballo. Aún cuando pueda sonar raro para los colombianos, estas carnes son realmente sabrosas y no hacen honor a la mala fama que tienen en nuestro país. Un buen lugar para almorzar o cenar estos platos típicos es la “Casa del Tártaro” en la avenida Bauman o en la casa del té Dom Chaya.

Después de estar algunas horas en Kazán y recorrer sus principales puntos turísticos me convencí de que Kazán y todo el país tártaro vale la pena visitar. La gente es amable, la ciudad es impactante y diferente a cualquier otra ciudad rusa, y se encuentra excelente comida a muy buen precio. Sin duda, los colombianos que visiten Kazán siguiendo a la selección Colombia en el mundial van a tener mucho que conocer de la cultura tártara.

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