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29 mayo, 2020

Road Trip por el Oeste de Estados Unidos

¿Alguna vez se han montado en un buggie para recorrer dunas de arena? Yo jamás lo había hecho y debo confesar que estaba más asustada que feliz al iniciar mi road trip por el oeste de Estados Unidos. A las 8 de la mañana nos recogieron en una camioneta en la Playa de Pismo Beach, en California, después de cinco minutos llegamos al lugar donde nos entregarían los buggies.

Nos dieron cascos, unas gafas enormes y unas bolsas donde metíamos la cabeza, que solo tenían un hueco enorme en los ojos; esas últimas dos cosas para evitar la arena en la cara. Nos dieron el carro amarillo. Yo, ingenua, pensé que al ser tan pequeño tal vez no iban a adquirir tanta velocidad, pero ¡no fue así!, éstos pequeños vehículos a base de hierro andan tan rápido que parecieran atravesar las dunas volando. Eso sí, la adrenalina estuvo al 100% todo el tiempo, la vista que hay desde las dunas al océano es HERMOSA y el dolor de espalda con el que terminé valió la pena.

¿Cómo llegamos hasta Pismo Beach? Esa fue nuestra parada en la mitad del Roard Trip de Los Ángeles a California. Esa carretera es conocida como la Ruta 1 o Pacific Coast Highway, aunque es la más antigua para viajar esa costa, es la más bonita, pues durante todo el recorrido el océano pacífico hace parte del paisaje y se funde en el horizonte con el azul del cielo. Son 800 kilómetros de mar, montañas y al atardecer: neblina.

Este es un viaje que se debe hacer sin reloj en mano, sin la necesidad de llegar a tiempo al destino final. Si yo tuviera la posibilidad de hacerlo otra vez, sin mente lo haría con muchísimo más tiempo. California es un estado con paisajes de postal, cada lugar en el que pueda parar es “instagrameable”, y todas las personas te hacen sentir como en casa.

Nuestra primera parada fue Santa Bárbara, un lugar para quienes sueñan con vivir en la playa, sin alejarse de la ciudad. Después no podíamos dejar de visitar el pequeño pueblo que fácilmente nos transportó a Europa: Slovang, una comunidad de emigrantes procedentes de Dinamarca, que sinceramente es como si se hubieran traído un pedazo de su tierra a Norte América. Las casas, su manera de vestir, las típicas panaderías, los molinos de viento, nada americanizado. Éste es un destino para amantes de la gastronomía y el buen vino.

De Slovang nos dirigimos a Pismo Beach – donde rentamos un Airbnb -. Otra curiosidad de ese recorrido es que hay muchos lugares para parquear las casas rodantes (sí, esas que uno ve en las películas americanas) y pasar la noche. Es muy cómico porque parecen barrios sólo para ese tipo de carros. La gente sale a hacer asados y se ven niños jugando, como en una típica vecindad.

Al terminar nuestra divertida y agotadora aventura en Buggies continuamos el camino hacía San Francisco. La carretera estuvo con neblina gran parte del tiempo, así que disfrutar del paisaje fue un poco complicado. Paramos un par de veces a tomarnos, como buenos colombianos, un café para recargar baterías, y 72 horas después de haber dejado Los Ángeles llegamos a la ciudad del Golden Bridge.

San Francisco enamora, es una ciudad colorida, acogedora, donde se respira libertad. Todos, sin importar color, raza o género, son iguales. Es una ciudad para personas de mente abierta.

Debo decir que en algún momento California será mi hogar.

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